Bitcoin en 2026: del récord histórico a la gran corrección

Qué ha pasado, por qué y cómo encaja en el ciclo del activo

Si miras hoy el precio de Bitcoin y recuerdas dónde estaba hace solo unos meses, es normal sentir una mezcla de incredulidad y vértigo. En octubre de 2025, Bitcoin tocaba su máximo histórico en 126.210 dólares. Hoy, mientras escribo estas líneas, cotiza en torno a los 70.300 USD. Una caída de más del 44% desde máximos.

Para algunos, es la confirmación de que “esto se ha acabado”. Para otros, una oportunidad. Y para muchos, simplemente una bofetada de realidad. Pero más allá de opiniones, merece la pena entender qué ha pasado realmente, porque esta corrección no surge de la nada.

De la euforia al ajuste: las cifras de la caída

El movimiento ha sido tan rápido como contundente. En apenas cuatro meses, Bitcoin ha pasado de la euforia absoluta a un escenario dominado por la duda y la prudencia.

En ese proceso, el mercado cripto ha perdido más de dos billones de dólares en capitalización, pasando de superar los 3,5 billones a moverse en torno a los 1,5 billones. No es solo Bitcoin cayendo: es un ajuste generalizado del riesgo.

Este tipo de caídas duelen especialmente porque llegan después de una narrativa muy potente. El rally de 2025 se alimentó de expectativas, de flujos institucionales, de la sensación de que “esta vez era diferente”. Y cuando esa narrativa se enfría, el mercado reacciona sin piedad.

El contexto macro: cuando el dinero huye del riesgo

Uno de los factores clave está fuera del propio ecosistema cripto.

A finales de 2025 y comienzos de 2026, los mercados comenzaron a descontar un escenario monetario más duro de lo esperado. La nominación de Kevin Warsh como próximo presidente de la Reserva Federal reforzó la idea de una Fed claramente hawkish, dispuesta a mantener los tipos de interés altos durante más tiempo para contener una inflación persistente.

Cuando el mensaje es “el dinero seguirá siendo caro”, los activos más volátiles son los primeros en sufrir. Bitcoin, pese a su narrativa de reserva de valor, sigue comportándose en gran medida como un activo de riesgo.

A esto se sumó la incertidumbre geopolítica y comercial, con el regreso de políticas arancelarias por parte de la administración Trump, que despertaron dudas sobre el crecimiento global. En ese contexto, muchos inversores optaron por rotar capital hacia refugios tradicionales. El oro, por ejemplo, mostró una fortaleza llamativa justo cuando Bitcoin perdía impulso.

Apalancamiento y liquidaciones: cuando el mercado se rompe por dentro

Pero si hay un factor que explica la violencia de la caída, es el apalancamiento excesivo.

Durante 2025, el uso de derivados en cripto alcanzó niveles récord. El mercado estaba cargado de posiciones largas apalancadas, convencidas de que la tendencia solo podía seguir subiendo. Cuando el precio empezó a flaquear, el castillo se vino abajo.

En enero de 2026, el mercado vivió una jornada histórica: 19.000 millones de dólares en posiciones largas liquidadas en un solo día, la mayor cifra jamás registrada en criptomonedas. Estas liquidaciones forzadas no son ventas voluntarias; son cierres automáticos que alimentan caídas aún mayores.

Es el clásico efecto dominó: cae el precio, saltan liquidaciones, cae más el precio, y así hasta que el mercado “se limpia”.

El papel de las instituciones y los ETF de Bitcoin

Otro elemento clave fue el comportamiento de los ETF de Bitcoin al contado. Durante el rally, estos vehículos actuaron como un motor comprador constante. Sin embargo, en plena corrección, la dinámica cambió.

Las salidas de capital se intensificaron y muchos gestores institucionales se vieron obligados a reducir exposición. No necesariamente porque hayan dejado de creer en Bitcoin, sino porque sus propios modelos de gestión del riesgo les exigen recortar posiciones cuando la volatilidad se dispara.

Este matiz es importante: no siempre vende el que quiere, a veces vende el que debe.

El ciclo de Bitcoin: distribución y capitulación

Todo esto encaja bastante bien con el ciclo histórico de Bitcoin, tradicionalmente ligado al halving, que tuvo lugar en abril de 2024.

Los picos suelen producirse entre 12 y 18 meses después del halving. Octubre de 2025 encajó casi a la perfección como fase de euforia. A partir de ahí, los datos on-chain muestran cómo muchos tenedores de largo plazo empezaron a distribuir sus monedas cuando el precio superó la barrera psicológica de los 100.000 dólares.

El resultado es el habitual: el activo pasa de manos fuertes a manos más especulativas. Y cuando el precio gira, esas manos débiles capitulan. No por análisis, sino por miedo.

Eso es, en esencia, lo que estamos viendo ahora: una fase de reset, de limpieza de excesos.

Niveles clave y escenarios posibles

En el corto plazo, la zona de los 58.000–60.000 dólares ha actuado como soporte relevante. La recuperación hacia los 70.300 USD actuales ha devuelto algo de oxígeno, pero el mercado sigue frágil.

En un escenario más negativo, muchos analistas sitúan el siguiente gran soporte en torno a los 40.000 dólares. No como profecía, sino como referencia técnica si el sentimiento se deteriora de nuevo.

Qué significa todo esto para el inversor

La historia de Bitcoin no es una línea recta. Es una sucesión de euforias, caídas, dudas y nuevos máximos. La pregunta clave no es si Bitcoin volverá a subir, sino cómo te posicionas tú ante esa volatilidad.

Intentar adivinar el suelo suele acabar mal. En cambio, estrategias como las aportaciones periódicas, un tamaño de posición razonable y la diversificación ayudan a sobrevivir emocional y financieramente a este tipo de fases.

Y, sobre todo, conviene recordar algo básico: Bitcoin no es un atajo. Es un activo extremadamente volátil que exige plan, paciencia y sangre fría. Sin eso, cada corrección se vive como el fin del mundo.

Conclusión

La corrección de Bitcoin desde los máximos de octubre de 2025 encaja bastante bien con el contexto que se ha ido formando en los últimos meses. Un entorno macro más exigente, un mercado claramente sobreapalancado y un punto del ciclo marcado por la euforia eran una combinación propicia para un ajuste brusco.

Con Bitcoin moviéndose ahora en torno a los 70.349 dólares, el mercado sigue asimilando el exceso del tramo anterior. La volatilidad continúa siendo elevada y el sentimiento todavía es frágil, algo habitual tras caídas tan profundas. No hay certezas claras a corto plazo, y probablemente no las haya durante un tiempo.

Para quien invierte, el foco debería estar en definir con antelación qué peso quiere dar a Bitcoin dentro de su cartera y en gestionar esa posición con disciplina. Tener un plan, dimensionar bien el riesgo y asumir la volatilidad como parte del camino suele ser más relevante que intentar anticipar cada movimiento del precio.

En este tipo de fases, conviene desconfiar tanto del pesimismo extremo como del optimismo inmediato. El mercado necesita tiempo para estabilizarse, y las decisiones tomadas en caliente rara vez son las mejores.

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